Instrucciones para ver

Lo primero es conseguir qué ver. Esto es sencillo, pues sólo existen dos condiciones para que algo o alguien sea visible: que exista y que sea capaz de entorpecer el paso de la luz. Por favor, no confunda ambas características, pues se da que se cumpla la primera, pero no la segunda; por el contrario, siempre que se de la segunda, tendremos la primera como un hecho.

Algunas de las cosas más recurrentes por ver es por dónde caminas y más allá de tu nariz. Esto ahorra algunos contratiempos al momento de avanzar en el tiempo irremediablemente hacia el futuro. Recuerde en todo momento que el futuro no es ese enorme abalorio de cristal. Pero no desespere, pues usaremos dos cuentas del tamaño de una canica grande para ver, si no el futuro, al menos sí hacia delante. Este par de canicas tienen una textura lisa y más o menos firme – si acaso algo gelatinosa – y son, por lo general, blancas, aunque algunas variedades son más rojas o amarillas, ahumadas o hepáticas.

Se llevan por lo general en el rostro, arriba de los pómulos, de modo que se localicen en la parte superior del cuerpo. Algunos prefieren llevar estas esferas – a las que llamaremos ojos – en la nuca, para evitar puñaladas por la espalda, pero esta medida preventiva deja desprotegido al individuo en cuestión de paredes o postes de alumbrado público.

El siguiente aditamento es un par de cristales colocados en un armazón que los deja a la misma altura uno al lado del otro, y que posee dos extensiones, una de cada lado, que acaban por curvearse en el extremo. Estos vidrios no son indistintos como los ojos, de modo que hay que cuidar no poner el izquierdo del lado derecho o viceversa.

Tiente ahora con las manos hasta ubicar ambas extensiones. En caso de necesitar ayuda, busque a alguien en el mar de sombras que pueda ayudarlo a alcanzarle las gafas. Encuentre la izquierda, tomándola con la mano homónima y la derecha con la que nos quede libre. En caso de que la curvatura de esta pata o extensión vire hacia arriba, lo hemos hecho mal y hay que tomar entonces la pata izquierda con la mano derecha, de modo que la pata cambie de ubicación y la izquierda quede ahora en la mano correcta.

Luego, debemos cubrir los ojos con una cortina de piel que llamaremos párpados – de preferencia decorados con pestañas que las gafas se encargarán de estropear-; acercamos entonces la mano izquierda – y la correspondiente pata de los lentes – a la oreja izquierda; lo mismo se hará con la mano derecha al unísono, pero con la otra oreja. De no hacerlo con coordinación, habremos partido las gafas en dos.

Habiendo colocado la curvatura de cada pata alrededor de la oreja correspondiente, podemos retirar las manos y bajarlas hasta que descansen a un costado del cuerpo. Retire entonces lo párpados de los ojos deslizándolos suavemente hacia arriba.

Comenzará entonces a ver cosas tan interesantes como estas útiles instrucciones.

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