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Toro
Un grito azul
con un toro casi muerto
listo para comerme.
Fui a la cocina
y el toro tiró velas
y una silla.
Un cuento
Yo inspirado escribo,
un cuento de amor,
tristeza y emoción.
León
El león lee una carta,
la carta vive en un león.
El león pinta un cuadro,
mandaron una carta
con un león dentro de ella.
La abuela no se cansa
Como todos los días en
la tarde yo estaba jugando fútbol con mis amigos. Pero
lo que pasó hoy no fue cosa de todos los días.
En medio del partido se escuchó un grito que decía
¡Esperen ¡Esperen! ¡Yo quiero jugar! La pelota
se detuvo y todos nos paramos, pero cuál fue la sorpresa
que la que gritaba era ¡mi abuela de 109 años!
¿Queeé? Preguntaron mis compañeros, ¿cómo?
Yo un poco apenado les pedí de favor que le dieran una
oportunidad que, bueno, a pesar de ser viejita, pues teníamos
que darle un espacio.
Después de un rato de convencimiento ellos aceptaron.
Mi abuela después de saber que la dejarían jugar
les dijo que la única condición era que todos serían
del equipo contrario. ¿Queeeeeé? ¿La abuela
sola? Los niños con grandes sonrisas en sus caras aceptaron.
Y después de 10 minutos de tiempo corrido, marcador final
10 contra 0, ganadora: ¡Mi abuela!
A partir de ese día la abuela forma parte del equipo y
sin ella no podemos jugar.
Me encontré a Hernán
y Colón
Fui con mi abuela, mi tía
y mi abuelo a comprarnos una camisa. Después de un buen
rato de búsqueda y selección todos quedamos satisfechos.
Cuando regresé a mi casa estaba muy cansado y decidí
ir a mi cuarto. Cuando iba a entrar, me llevé una gran
sorpresa, me encontré a ¡Hernán Cortés
y Cristóbal Colón!, pero eso no fue lo más
raro ¿Qué creen que estaban haciendo? ¡Jugando
a los muñecos!
Me sorprendí muchísimo pero ellos ni se alarmaron
tanto, entonces yo pensé: -Si ellos pueden jugar a los
muñecos, ¿Porqué yo no?-. Así que
juntos jugamos un rato.
De repente salieron corriendo sin ningún aviso, y se lanzaron
al comal de la cocina. Después supe que era porque mi
mamá entró al cuarto y ¡Claro! No querían
que los vieran jugando con muñecos, ¿verdad?
Después de ese día nunca los volví a ver,
solo en los libros de historia, pero, nunca jugando a los muñecos.
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